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Mar
27

¿Qué es la desinformación?

El senador estadounidense Hiram Johnson proclamó en 1917 que "la primera víctima de la guerra es la verdad". Este aserto no ha cambiado hoy día aunque se han pasado de las burdas mentiras a propuestas más sofisticadas.

El sistema de dominación cambia a formulas más recurrentes como la persuasión o la desinformación que descansa sobre una premisa básica: la intencionalidad. El emisor pretenderá siempre modificar y alterar la actitud del receptor.

Junto a la intencionalidad la otra premisa necesaria en la desinformación es que el mensaje emitido sea creíble, aceptable por el receptor. Una aptitud también subjetiva y que no tiene nada que ver con la posible certeza o falsedad del mensaje. El recurso nunca es la coacción directa sino la persuasión, algo que los publicistas conocen bastante bien.

Los recursos más habituales empleados en la desinformación son:

  • La filtración: la noticia filtrada siempre viene arropada a cambio del secreto de la fuente emisora: suelen provenir de cauces de poder, no necesariamente político, ya que también es habitual en lo económico, lo deportivo o cultural.
  • La sobreinformación: consiste en suministrar una abrumadora cantidad de datos que incitan más a la desorientación ya que el receptor no consigue aislar y asimilar los elementos fundamentales que le permitan una interpretación correcta.
  • Selección ventajosa: únicamente se expone aquella información que es favorable a nuestros intereses. Es muy efectiva cuando se emplean gráficas o registros numéricos: estadísticas, encuestas, sondeos.
  • Descontextualización: se extrapola la información dentro del contexto en que se ha generado, no se explica o profundizan las causas del fenómeno o suceso. Se inventan motivos o justificaciones.
  • Falsedades: la información es falsa, inventada, nunca verificable. No es habitual lanzar una burda mentira sino que se entremezcla lo verdadero con lo falso para que sea creíble, en caso contrario perdería eficacia.
  • Errores: Se elaboran informaciones con datos que se revelan a posteriori como falsos.
  • Especulaciones: desde datos no confirmados o de rumores se elaboran hipótesis.
  • La analogía: en la desinformación se compara intencionadamente dos elementos que no tienen ninguna relación entre sí. La “guerra santa”  es muy difícil rebatir con la “lógica”. Se dirige con frecuencia a la parte emotiva del receptor y requiere mucho esfuerzo para desmontar esto con argumentos racionales.
  • El rumor, siempre asociado a la “sin confirmación”.
  • Eufemismos: “contabilidad imaginativa”, “daños colaterales”.

Cualquier internauta podrá comprobar cómo cada una de las características expuestas anteriormente se cumplen inexorablemente en cualquier conflicto bélico como el que actualmente nos afecta. En casos de guerra se pueden anunciar sucesivas fases de desinformación:

a) La guerra es inevitable: los medios de comunicación de los países implicados en el conflicto anuncian que el conflicto sólo puede llevarse a cabo mediante las armas. Se anuncian conversaciones imposibles: el enemigo no quiere negociar, engaña o se niega a determinadas exigencias.

b) Demonización del jefe enemigo. Los dirigentes de las partes en conflicto hablan de maldad y toda una panoplia de graves desarreglos emocionales y psicológicos de sus líderes oponentes.

c) Se anuncian y comunican todo tipo de atrocidades, genocidios y persecuciones realizadas por el enemigo tanto en el pasado como en el momento presente y que justifican la acción bélica.

d) Extensión de esa demonización del líder enemigo a todo el pueblo que gobierna: el enemigo actúa de forma «incivilizada», ataca por traición, están totalmente fanatizados, tienen comportamientos suicidas y no cooperan debidamente con sus supuestos liberadores. Este comportamiento merece una respuesta «contundente».